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domingo, 13 de diciembre de 2015

High Rise. De cómo un edificio puede dominar a sus habitantes

La falsa utopía generada en el film "High Risenos catapulta al extremo de la violencia gratuita, la dejadez y la inconsciencia colectiva.

Su historia está basada en la controvertida novela homónima publicada en 1975 por J. G. Ballard, quien afirmaba en una entrevista que su vivencia en un campo de guerra japonés le llevó a reflexionar sobre esta historia al considerar que la civilización se podía evaporar en cualquier momento.
Sin pena ni gloria se presentó en las pasadas ediciones del Festival de Cine de San Sebastian y el Festival de Cine Fantástico y de Terror de Sitges y, por el momento, no tiene fecha de estreno a la vista. 

Su director, Ben Wheatley, está considerado como uno de los directores británicos más interesantes de su generación. Entre sus proyectos, cabe destacar películas tan provocadoras como la comedia criminal "Down Terrace" (2009), el thriller terrorífico "Kill List" (2011) o el drama "A Field in England" (2013). Tras la presentación de este thriller psicológico de ciencia ficción, acaba de terminar el rodaje de su sexta película que se estrenará el próximo año.

“Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón comiéndose el perro, 
el doctor Robert Laing recordó otra vez los hechos insólitos que habían ocurrido 
en este enorme edificio de apartamentos en los últimos tres meses” Fragmento del libro de Ballard.

Un rascacielos construido con todas las comodidades tecnológicas imaginables, cubre todas las necesidades posibles de una comunidad muy proclive al desenfreno y el caos. Todos los inquilinos tienen un vida excesivamente ocupada y parecen estar regidos por grupos sociales que se conforman en base a la altura que ocupan en su hogar de Babel. Viven en un zoo o en una prisión, según como quieras interpretarlo, prisioneros de sus anhelos y figurantes de un escaparate con vistas al exterior del que no tiene posibilidad de salir. Son obsesivos, narcisistas y con afán de poder, y parecen estar vinculados al edificio de una manera tan determinante que, aunque se encuentren en peligro, no toman la simple decisión de salir. Algo/alguien les impide salir.
Actúan como si tuvieran el piloto automático activado, sin ser conscientes de lo que pasa a su alrededor, ya que, para serlo, es necesaria cierta atención, un poco de empatia y mucho control. Toda la comunidad carece de esta receta imprescindible para estar presente en el aquí y el ahora. Simplemente forman parte del mobiliario, del lugar, y ninguno de los variopintos y singulares personajes residentes tiene la fuerza necesaria para liderar un cambio. De ahí que todos hayan aceptado sin tapujos, sin quejas, sin reflexión alguna lo que les rodea, lo que se les ofrece. 

Aunque en un momento determinado de la trama parece surgir un protagonista principal, considero que el que lleva el hilo argumental de toda la película es la misma construcción que atrapa a todos los habitantes. De hecho, la realidad es que no parece que importe mucho la trama sino que es más interesante dejarse llevar por todo el ambiente presentado de situaciones paradójicas, singulares y extrañas. Situaciones protagonizadas por personajes curiosos que intentan sobrevivir en un desierto de habitaciones sin especial interés.

Entre estos peculiares personajes, encontramos rostros tan conocidos como los de Tom Hiddleston, Sienna Miller, Luke Evans o Jeremy Irons. Además, un nuevo personaje se genera a partir de las intervenciones éstos: la violencia, que conduce las acciones de todos y nos cuestiona si no es ella la que impera en nuestra civilización.
Entre la inocencia del niño y el cinismo del adulto hay un abismo cronológico, un puente desconectado y un pozo sin fondo que nos separa de la infancia y nos convierte en adultos. Pero, ¿qué tipo de adultos queremos ser? ¿Personas comprometidas con el medio y el prójimo o dependientes de la tecnología, ajenas a lo que acontece y alienadas de la sociedad?

Aunque si que es cierto que como espectador te sientes atrapado como sus personajes entre las paredes que forman el High Rise, se hace demasiado larga para explicar una temática ya conocida en otras propuestas y resulta ser un aburrido intento de hacer una crítica a la sociedad contemporánea. Muchas imágenes memorables que recordaremos por mucho tiempo pero una trama que no quedará tan a largo plazo en nuestra memoria. Aconsejable para adictos a las películas de autor.

Sergi Sanmartí (@Horadelsdaus)

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